20 AÑOS OFRECIENDO RAZONES DE VIDA Y ESPERANZA

Por: Fredy Cardona.

Coordinador de Programas de la Fundación Caminos de Libertad.

Pasar de una simple idea plasmada en un papel a poder ver y entender el devenir de la Fundación Caminos de Libertad durante 20 años, tiene para mí y tal vez para muchos un profundo significado; pero más que eso es el privilegio de ser testigo de la bondad de un Dios que no se deja vencer en generosidad y a través de muchas personas e instituciones sigue dando motivos para seguir soñando y creyendo en un mundo posible.

 

A lo largo de 20 años de labores son muchas las personas a quienes se les ha tendido la mano, tal vez en el momento que más lo necesitan, porque tienen muchas dudas, necesitan calmar un dolor, por curiosidad o simplemente necesitan de alguien que les escuche y les muestre caminos posibles en su situación, que en la mayoría de los casos, humanamente creen que todo está perdido y que no hay esperanza y motivación alguna para seguir luchando.

 

La razón de la intervención social, humanitaria y evangelizadora que se realiza en favor de los beneficiarios, es una labor poco llamativa a los ojos de muchas personas; pero cuando se logra entender que la justicia es para pocos y que la prisión como sistema no discrimina a nadie, en el sentido que en cualquier momento una persona por bien formada e inteligente que sea puede enfrentarse a una situación de pérdida de su libertad, se entiende que en la prisión se encuentran seres humanos, culpables o inocentes, que necesitan de manos generosas que les atiendan sus necesidades y entiendan la dimensión de los problemas que enfrentan; y más que eso, que sientan el apoyo para sus familias, pues son las primeras víctimas de sus actos o de las injusticias a las cuales se deben enfrentar todos los días.

 

Gracias a la Iglesia Católica, por permitir que muchas personas a través de instituciones como ésta, cumplan con el deber sagrado de llevar a la práctica las obras de misericordia; no solo haciendo palpable y visible el amor de Dios, sino siendo testigos de la generosidad y compromiso de miles de personas e instituciones que aportan para que los programas, las campañas y los objetivos se cumplan como la razón fundamental de toda iniciativa socio-pastoral y evangelizadora.

 

Tampoco sería posible el cumplimiento de la misión de la Iglesia en las prisiones, si no fuera por el compromiso demostrado de miles de voluntarios, entre quienes se encuentran capellanes, religiosos, religiosas y laicos quienes con gran sentido de humanidad asumen tareas pastorales, aún bajo el riesgo que ello implica, pero con la plena confianza de estar cumpliendo el mandato de Jesucristo: “Estuve en la cárcel y viniste a verme” (Mateo 25,36) y en ese viviste a verme están implícitas tareas concretas de apoyo y acompañamiento a quien está viviendo en carne propia el infortunio de perder la libertad y de las familias que tienen que enfrentarse a situaciones que generan temor e incertidumbre y donde solo la mano de Dios se hace presente a través de la escucha, atención y cuidados que reciben de personas vinculadas a ésta misión.

 

Sería injusto dejar de mencionar personas, instituciones y agentes cooperantes que a lo largo de todo éste tiempo han apoyado el desarrollo de los proyectos y las iniciativas de servicios lideradas desde la Fundación; a todas ellas una gratitud especial por haber confiado en el buen manejo de los recursos y con la seguridad que desde la pobreza se han administrado con gran seriedad, sentido evangélico y ético los talentos y recursos depositados y encomendados a nuestro cuidado y administración. Le pedimos al buen Dios, que siga bendiciendo y protegiendo la vida de todos los benefactores, con la seguridad que lo aportado se multiplicará como semilla de bendición para sus familias, que quedará escrita en el libro de la vida por toda la eternidad.

 

20 años que no pasan en vano, porque se pueden ver las obras que tal vez para muchos eran una utopía en otro tiempo, pero para quienes confiamos en la Divina Providencia y en la generosidad de muchas personas, se convierten en la razón de ser de una institución que se perfila como la única en su género dedicada al cuidado de las personas más “despreciables” de la sociedad, como las “piedras preciosas” del evangelio que llenan de sentido la vida de la Iglesia presente tras las rejas.

La historia de Anita Navarro

Anita Navarro, quien durante casi 20 años de su vida fue conocida como “la cana”, “la gringa” y la “Beba”. Esto debido a que durante ese largo período de su vida, anduvo en la oscuridad del mundo del narcotráfico, drogas, armas y demás. Fue arrestada para cumplir sentencia como una confinada de Máxima Custodia. Estando en la cárcel experimentó un encuentro con Dios, provocado por una Monjita que la visitaba y le llevó el plan de Salvación que Dios tenía para ella. Su vida ha cambiado drásticamente para la gloria de DIOS. Sirve una sentencia condicionada y actualmente se desempeña en el mundo laboral, da charlas de Prevención en Escuelas y áreas de alta incidencia entre otros. Anita nos recuerda que, «¡CON DIOS, TODO ES POSIBLE!»

PASÓ DE SER ATLETA OLÍMPICO A SACERDOTE DIRECTOR DE VOCACIONES

El director de vocaciones de la diócesis de Rockville Centre en Nueva York (Estados Unidos), P. Joe Fitzgerald, fue un atleta que compitió en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, pero que hoy se dedica a guiar a aquellos que han sentido el llamado al sacerdocio.

En diálogo con el National Catholic Register, el P. Fitzgerald aseguró que participar en las olimpiadas le generó gran emoción, pero era imposible compararlo con el sacerdocio.

“Estoy muy feliz con la decisión que tomé. En mi partido final de balonmano marqué ocho goles y nunca miré atrás. Estoy totalmente en paz con haber dejado el deporte y buscar el sacerdocio. Hay algo en mi vocación que nunca podría haber logrado con el balonmano o en cualquier otro deporte”, aseguró.

“La vida de un sacerdote, bien vivida, es muy satisfactoria porque el sacerdocio es, como decía San Juan María Vianney, el amor del corazón de Jesús”, agregó.

Con respecto a la preparación que deben tener los atletas que participarán en las Olimpiadas Río 2016 explicó que a pesar de todo el trabajo realizado, “las prácticas, las pruebas y las medallas no definen quiénes son. Su más grande título, sin importar las medallas que puedan ganar, es ser un hijo de Dios. Sabiendo esto, deben competir, no para su propia gloria, sino para la gloria de Dios”.

“Me hubiera gustado haber entendido esto mucho antes, pero tomé demasiado en serio el deporte y a mí mismo”, agregó.

El P. Fitzgerald formaba parte del equipo de balonmano de Estados Unidos junto a su hermano Thomas. Viajaron a decenas de países para las competencias y regresaron a casa tras participar en el escenario deportivo más grande del mundo en Atlanta 1996.

Antes de entrar en el Seminario de la Inmaculada Concepción en el año 2001, el P. Fitzgerald se desempeñó como ministro de la juventud en la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Lindenhurst (Nueva York).

“Fue durante un servicio de adoración eucarística cuando se hizo tan clara la vocación sacerdotal que no era suficiente hablar de ser un seguidor de Cristo; tuve que serlo verdaderamente”, expresó.

El P. Fitzgerald fue ordenado el 9 de junio de 2007, y ahora, como director de vocaciones busca “animar a otros hombres a compartir esta vida de generosidad y amor que permite el sacerdocio”.

“Los 31 hombres valientes que estudian para nuestra diócesis es el número más grande que hemos tenido en 30 años, y probablemente será más grande aún, cuando los hombres estén más abiertos a lo que Dios tiene reservado para ellos”, agregó el sacerdote.

El presbítero considera que el primer paso esencial para escuchar la llamada de Dios es “apagar la tecnología” y entrar en «una cultura de silencio».

“No podemos rezar bien o incluso pensar bien cuando el ruido distrae nuestra atención a cada paso. Es muy fácil que nuestro tiempo se sature de todo tipo de información inútil que nos impide entrar en un diálogo con Dios”, aseguró.

En su opinión, la relación de una persona con Dios debe ser “reforzada por la Eucaristía, las Sagradas Escrituras y la adoración eucarística”.

Finalmente dijo que se debe estar cerca de aquellos que viven la vocación que uno está considerando. “Hay que ver de cerca lo que es aquella posible vocación, en mi caso fue estar cerca de los sacerdotes y ver lo que hacían diariamente en la Iglesia”, resaltó.

SONDEO: ¿COLOMBIA DEBE EMPLEAR A SUS PRESOS EN LAS CALLES?

Francisco das Chagas Queiroz, condenado por robar bancos, renovó el estadio Mineirão de la ciudad brasileña Belo Horizonte, donde se vivió el Mundial de Fútbol del 2014. El Gobierno brasileño lo empleó a él, privado de la libertad desde 1980, y a otros 58 internos. Los presos construyeron algunos de los doce escenarios de la Copa.

“Esto es lo mejor que me sucedió. Este tipo de trabajo nos da dignidad, algo para el futuro. Si hago un buen trabajo aquí, quizás la compañía quiera emplearme cuando salga en libertad (…) Nuestra vida está mejorando gracias a esta oportunidad”, dijo en el 2012 el hombre de 52 años a ‘The Associated Press’.

Una experiencia similar la tuvo Chile seis años atrás. ‘El Mercurio’ relata que cinco reclusos que también cumplían condenas por hurtos y con un buen comportamiento, superaron “exigentes pruebas psicológicas” para lograr trabajar en la reforestación de 32 hectáreas afectadas en 1985 por un incendio forestal. “Aprendemos algo nuevo que nos puede servir para el futuro”, opinó en ese entonces uno de los favorecidos.

Colombia también tiene una historia parecida y es reciente. Laactriz Johana Bahamón, quien creó la Fundación Teatro Interno, montó varias obras de teatro con reclusas y logró que el Inpec (Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario) autorizara el desplazamiento de las mujeres a salas de teatro.

Precisamente, este miércoles el Inpec firma un convenio con varios ministerios, con el que se busca implementar una estrategia de teletrabajo. ¿Llegará el día en el que una alianza o varias permitan a los internos trabajar por fuera de los centros penitenciarios?

La idea la comentan José Manuel Díaz, delegado de la Defensoría del Pueblo para la Política Criminal y Penitenciaria, y el senador del Centro Democrático Alfredo Rangel.

Lea sus opiniones y cuéntenos la suya.

Para la población reclusa, el trabajo no es solo un derecho, es un mecanismo para lograr su resocialización; tanto es así que el Estado, a través del Inpec, tiene el deber de suministrar oportunidades laborales a toda la población carcelaria, incluidos tanto condenados como sindicados. Lógicamente, ese trabajo debe desarrollarse en condiciones de dignidad y seguridad.

La posibilidad de que colaboren en labores comunitarias o adelanten actividades productivas fuera de los establecimientos está prevista en la ley, en el Código Penitenciario y Carcelario. El artículo 86 establece que internos en fase de mediana seguridad pueden desarrollar actividades agrícolas o industriales con empresas o personas de reconocida honorabilidad, siempre que estos empleadores colaboren con la seguridad de los internos y el espíritu de la resocialización.

Esa posibilidad ya existe en el ordenamiento, pero infortunadamente no ha sido desarrollada reglamentariamente por el Ministerio de Trabajo, ni a través de convenios suficientes del Inpec con empresas públicas y privadas. Los reclusos están ávidos de trabajar ─el trabajo permite la disminución en sus penas─, pero falta articular con entidades públicas y privadas esta inserción en el mercado laboral. Infortunadamente, la norma no es tan clara frente a si las actividades pueden realizarse dentro o fuera de las cárceles, aunque no lo prohíbe.

También hay que señalar un estigma por parte de la sociedad frente al recluso. Infortunadamente, en muchas ocasiones la comunidad no ve con buenos ojos que los reclusos adelanten trabajos de jardinería en parques o actividades que impliquen una interacción directa con el medio social. Por eso hago un llamado a entender que la sociedad debe recibir nuevamente al preso, no podemos pretender aislarle.

Los reclusos pueden adelantar actividades materiales como intelectuales, a excepción de aquellas que impliquen contacto con armas de fuego o víctimas. Pueden recoger basura, limpiar áreas verdes o trabajar en fábricas, en manufacturas. La norma dice que no habrá distinciones entre trabajo material o intelectual: si un recluso tiene formación en contabilidad pública, puede ejercer su profesión dentro de los parámetros que fija el ordenamiento jurídico. No solo tiene que ser de carácter material. El trabajo no debe concebirse como un castigo, eso está prohibido.

José Manuel Díaz, delegado de la Defensoría del Pueblo

 

Es una medida que podría pensarse para los casos que no impliquen delitos de sangre o la privación de la libertad, como el secuestro. Esos delitos deben tener penas de cárcel que no se puedan redimir, ni se permitan penas alternativas, porque son delitos muy graves.

Pero ante otro tipo de delitos que no impliquen la vida o a la libertad de las personas, podría pensarse que una vez cumplida una parte sustancial de la pena ─dos terceras partes, podría ser─, se logre un rendimiento con penas alternativas como el trabajo en la calle, una situación de semilibertad o libertad controlada que hace menos traumático el tránsito de la cárcel a la libertad.

Me parece que el trabajo como mecanismo de redención de penas hay que desarrollarlo mucho más. Hay una posibilidad en la actualidad para que a los internos, por dos días de trabajo, se les rebaje un día de cárcel, pero creo que habría que pensar que ese trabajo no sea exclusivamente intramural ─dentro de las cárceles─, muchas veces esos trabajos son improductivos, habría que pensar en el trabajo extramural, con ciertas condiciones y para cierto tipo de presos y cierto tipo de delitos.

Frente a si el país está preparado, los jueces tienen que evaluar la peligrosidad de los internos… Y ante la posibilidad de que se presenten fugas, para eso hay mecanismos tecnológicos como las pulseras electrónicas, que permiten establecer la ubicación del reo.

Con esta idea es mucho más probable la resocialización de los presos, en la medida que habría una especie de seguimiento a esas personas que trabajan por fuera de las cárceles, para dar cuenta de que sus comportamientos son ajustados a la ley, no están cometiendo crímenes, ni se están relacionando con organizaciones criminales.

Esa alternativa ya existe en legislaciones y códigos penitenciarios de algunos países europeos. Colombia podría aprovechar esas experiencias y ensayar en algunos centros penitenciarios. Entre otras cosas, porque aportaría a la descongestión de las cárceles.

Alfredo Rangel, senador del Centro Democrático

Tomado de: eltiempo.com

INPEC DEBE BUSCAR LOCAL PARA PRESOS QUE ESTÁN HACINADOS EN JERICÓ

Corte Constitucional le dio un plazo de tres meses al Instituto para hacerlo.

Mientras se resuelve el hacinamiento que llega al 188 por ciento en la cárcel de Jericó (Antioquia), la Corte Constitucional le ordenó al Inpec y a la Gobernación de Antioquia que en un plazo de tres meses encuentren y arrienden un local donde puedan ser recluidos algunos.
La tutela de la Corte pide realizar una reunión para definir el tema entre el Inpec, la Gobernación y los alcaldes de municipales de Jericó, Pueblorrico y Tarso.
«Esto, con el fin de llegar a un acuerdo respecto de la búsqueda y el arrendamiento de un local donde puedan ser recluidos algunos internos en condiciones de dignidad humana, seguridad y espacio adecuado, mientras se adecúa una nueva planta física acorde a la capacidad del penal», dijo.
Según los magistrados esta es la medida que se debe acatar, a menos que encuentren otra solución que «asegure el goce efectivo de los derechos tutelados y no imponga cargas, limitaciones o restricciones adicionales sobre estos u otros derechos fundamentales».
Al tiempo, dicho organismos deberán acordar el aporte económico que deben hacer los entes territoriales para la ejecución del proyecto que finalmente sea escogido.
Además, ordenó al Ministerio de Hacienda, al Ministerio de Justicia, al Departamento Nacional de Planeación y al Inpec que en la siguiente vigencia presupuestal realicen las gestiones necesarias «con el fin de iniciar las obras de infraestructura requeridas para eliminar el problema de sobrecupo carcelario que presenta el Establecimiento Penitenciario de Mediana Seguridad y Carcelario de Jericó, Antioquia».
Se trata del estudio de una tutela proferida por un Juzgado de Jericó del 27 de mayo de 2013, en la que ordenó que no se recibieran más internos en dicho penal porque había superado la capacidad.
La Corte consideró «desproporcionado e irracional» pedirle a los jueces que sigan dicha disposición ya que por autonomía judicial no se puede pedir que no impongan medidas de aseguramiento por sentencias condenatorias a personas responsables de delitos.
Por eso, la solución más adecuada, a su juicio, era no impedir enviar más personas a prisión sino que se encuentre un sitio alternativo para recibirlas.

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NACIÓN, A PAGAR POR ‘DESORGANIZACIÓN GENERALIZADA’ EN CÁRCELES

Consejo de Estado dice que hay una «desestructuración sistemática y una negligencia prolongada».

La Sección Tercera del Consejo de Estado advirtió, mediante un fallo, que la desorganización en las cárceles del país está desbordada.
«La desorganización prolongada y generalizada del sistema penitenciario del país, no solamente atribuible al Instituto Nacional Penitenciario (Inpec), sino a todas las instancias encargadas de la configuración de la política criminal y carcelaria», señala una providencia de la magistrada Stella Conto Díaz del Castillo.
La situación de las cárceles del país fue advertida por la consejera en un fallo que ordenó a la Nación, en este caso al Inpec, a pagar 218 millones de pesos a la familia de un recluso que murió en la cárcel La Modelo en diciembre del 2000.

«Aunque no exista certeza de una falla en el servicio, es decir, no resulten reprochables las actuaciones específicas de la administración en razón de los hechos (en el sentido de lo hecho o dejado de hacer), el sistema carcelario en sí mismo afronta una desestructuración sistemática y una negligencia prolongada», señaló el fallo de la magistrada.
El fallo fue claro en decir que «la prestación de los sistemas organizativos tales como el carcelario, el de salud y el educativo, entre otros, están a cargo de la Nación, esta debe responder cuando existe una falla del sistema».

 

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EL SISTEMA PENITENCIARIO COLOMBIANO, UN SOLO CAOS.

Aquí surge la pregunta ¿Cual es el propósito y finalidad de los centros penitenciarios? Según la ley es la resocialización a través de la disciplina, el trabajo, el estudio, la formación espiritual, la cultura, el deporte y la recreación, bajo un espíritu humano y solidario.

Es de imaginar que los legisladores durante esta época no les fue fácil dictaminar esto pero lo vieron desde la parte lógica necesario para darle seguridad tanto a la población civil como a la población carcelaria, pues uno de los fines de el código es la prevención, la seguridad y la resocialización.

 

El ámbito social en el que se dio esta normatividad fue una época de transición, una sociedad que ha vivido una época de inseguridad muy fuerte, de terrorismo, donde día a día se veía muertos por todas partes, por eso uno de los objetivos es darle seguridad a ambas poblaciones.
Vuelvo a tema del hacinamiento, que me parece es el factor determinante dentro de la pregunta ¿Por qué las cárceles en Colombia y sistema penitenciario acá no es resocializador?, el costo normal de un interno puede estar alrededor de 700 mil pesos, pero a eso se le suman los costos operarios de agua, luz, alimentación y médico, con lo que un interno le puede estar costando al Estado entre un millón 350 mil pesos y un millón 500 mil pesos al mes, me lleva al pensamiento que las ideas de resocialización que hablaba el General Ricaurte pueden quedan muy cortas debido al alto costo que tiene cada preso, sin contar los varios centros penitenciarios regionales que se están construyendo y se espera que estén terminados para el 2015, es mucho dinero.

Otro problema es que entrada en vigencia la ley de seguridad ciudadana y la tipificación de otros delitos penales aumentó considerablemente la cantidad de sindicados dentro de estos establecimientos, hay más de 120 mil presos que se supone era la cifra estimada para el 2014 por el INPEC. ¿Qué solución hay para el hacinamiento? Lograr que los jueces le den la libertad provisional o condicional a los que hayan cumplido 3/4 partes de la condena y que estén dentro de las condiciones, lograr que se de la libertad de muchos presos con pena cumplida y a los cuales no les ha llegado la resolución de libertad, incluso algunos llevan año y medio esperandola; además de la ayuda de la rama judicial la ayuda de las universidades cuyos estudiantes puedan llevar procesos disciplinarios de los internos para aligerar así un poco la presión y hacinamiento que se esta viviendo en las cárceles del país.

Cuando uno nombra un sistema penitenciario resocializador uno imagina que los internos son educados en el trabajo, en la paz, en la colaboración social, las buenas costumbres y maneras para que puedan incorporarse a la sociedad sin peligro a que reincidan en los delitos; un interno es extremadamente costoso para el Estado en Colombia, pues es este quien atiende todas y cada una de las necesidades de los internos, desde la alimentación, la vestimenta, la medicina, etc. En otros países el sistema resocializador implica enseñarle al interno a trabajar por su alimento, por su vestimenta y si es necesario que le envíen dinero a su familia, dejan de ser unas parias para el estado para convertirse en sujetos activos en la transformación positiva de la sociedad aun en estado privativo de la libertad.

Por otra parte creo que el actual sistema de penas no está de acuerdo con el fin resocializador que estas persiguen, por tener un sistema predeterminado de penas, que no retiene al condenado el tiempo necesario hasta que estuviera resocializado, así por ejemplo: si un condenado es privado a cinco años de pena privativa de libertad, y en realidad los profesionales determinan que para resocializar a tal individuo sólo es necesario una terapia de 20 meses; eso significa que, el tiempo restante resulta innecesario, que incluso atentaría contra lo logrado por el tratamiento, y además colabora al hacinamiento del que hablamos, o puede suceder lo contrario, que el tiempo impuesto como pena no sea suficiente para resocializar a tal individuo y una vez puesto en libertad reincida en sus delitos y vuelva a formar parte de la muy aglomerada población carcelaria.

Países como Japón tienen a sus internos penitenciarios trabajando en metalurgia y siderurgia, con lo que ellos pagan su alimento y su vestimenta aligerando la carga que es un interno para un Estado; el Estado de california en Estados Unidos de Norteamérica, pone a sus internos a cultivar su propio alimento, a venderlo y que ellos de sus propias ganancias subsanen los costos de sus alimentos y vestimentas; en el Estado de Texas en Estados Unidos los presos cumples labor social trabajando en la construcción de carreteras y casas de «interés social» bajo vigilancia, entonces con su trabajo se ganan lo que al Estado le cuesta su manutención en la prisión.

¿Qué pasa en Colombia? Como mencioné anteriormente el trabajo resocializador no se hace durante el tiempo que debería por cada interno, algunos les dura mucho tiempo y otros es muy corto lo que lleva a la reincidencia y por ende al hacinamiento, aún muchos de ellos trabajando, como las costureras de la cárcel de mujeres El buen Pastor trabajan para lograr disminución de pena, pero aún así el estado sigue manteniendo absolutamente todo en su estadía, por lo que muchas mujeres cuando salen reinciden, pues esta es la ley del menor esfuerzo, afuera hay que trabajar para subsistir, adentro en la prisión el «papá» Estado te mantiene y se puede decir que se vive «tranquilo.

Hay algo que el General Ricaurte llama Zona Franca para las empresas nacionales, trata de poner a los internos a trabajar dentro de los centros penitenciarios y esto significa que las personas o empresas que invierten en las cárceles están libres de impuestos, o sea que el empresario debería poner su interés en las cárceles, para así sacar productos de alta calidad y ganarse una plata en la exención de impuestos, en Colombia habría alrededor de 142 zonas francas, esto realmente también sirve como una forma de resocialización pues además estarían trabajando; el problema que veo es la falta de interés en el Estado en hacer que los internos subsanen, al menos en parte, los gastos que el Estado tienen con ellos con su trabajo.

A manera personal, la empresa que tiene mi familia es una empresa de bordados y confecciones para las fuerzas armadas, la empresa trabaja directamente con las internas de la cárcel de mujeres El Buen Pastor, estas mujeres producen prendas de alta calidad y además que les reduce la pena ganan dinero; dentro de la empresa hay 2 mujeres que cumplieron pena y entraron a trabajar de manera activa y productiva, lo cual considero que también es una forma de ayudar dentro del proceso de resocialización, pues si un interno cumple su pena y sale a la sociedad es muy difícil que encuentren trabajo y veo como una manera muy aceptada que la mediana y grande empresa de trabajo a esta parte de la población y así ayudar a evitar la reincidencia y por ende el hacinamiento carcelario.

Un tema que me llamo considerablemente la atención es que se le paso por parte del INPEC la propuesta a varios alcaldes y gobernadores durante época invernal el año pasado para que los internos pudieran trabajar en obras civiles. El problema es que a los internos, cuando salen a trabajar, hay que pagarles por lo que no se recibió respuesta de ningún alcalde ni gobernador, eso hubiesen podido ser de 100 a 200 trabajando vigilados, lo cual se parece mucho al sistema penitenciario de algunos Estados en Estados Unidos.

Entonces quedamos claros en que Colombia necesita implementar nuevas estrategias en el sistema penitenciario y carcelario, empezando por la colaboración de las empresas nacionales, pues empresa que invierte en las cárceles es una empresa con beneficios de impuestos; también que tengan la opción garantizada de darles empleo a los internos que cumplan sus penas. Estrategia que esta en marcha es la educación y se le da la importancia que merece, un interno educado es un interno que puede reinsertarse en la sociedad como un trabajador productivo, por lo que reitero la importancia vital que tiene la colaboración de la mediana y grande empresa y la industria nacional dentro de este proyecto resocializador.

Me parece que el interno una vez afuera debería tener un seguimiento por parte de trabajadores sociales o psicólogos, incluso estudiantes de ultimo año de este tipo de carreras, pues de esta forma durante un tiempo ayudarían a estas personas en su desarrollo personal; aclaro que las estrategias de las que hablo deben llevarse todas a cabo pues es una cadena de necesidad que se da entre un paso y el otro.
También es necesaria la colaboración de la rama judicial para que internos que bajo las condiciones dadas por la ley al cumplir ¾ puedan salir con libertad condicional, esto ayudaría de manera inmensa a «desembotellar» las cárceles, también la reducción de multas que es lo que mas produce el atascamiento, impide la salida de muchos y ayuda al hacinamiento.

Otra cosa que es necesaria es la creación y construcción de centros penitenciarios nuevos, que hasta el momento según el director del INPEC estarían listos para el 2015; mientras esto sucede, hay varios centros penitenciarios en algunos pueblos y ciudades que tienen varios cupos extra para internos, se habla de mas o menos unos 300 cupos, se podría ver la posibilidad de trasladar algunos internos a esas cárceles mientras se termina la construcción de las que están en proceso.
Las soluciones son variadas, pero se necesita de la ayuda del Estado desde la parte administrativa, la ayuda de la rama judicial, la ayuda muy necesaria de la empresa e industria colombiana y de la educación.

En fin, lo triste de todo es nadie quiere colaborar, la ley del menor esfuerzo, asi vamos bien.

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¡TRANSFORMÓ SU VIDA PARA SIEMPRE! GRACIAS A CAMINOS DE LIBERTAD

TESTIMONIO:

Delincuente, adicto y asesino temido.¡transformó su vida para siempre!

Nalo vagó por las calles de Medellín por muchos años. La sed de venganza por la muerte de sus hermanos, la violencia y las drogas fueron sus motivos de lucha, hasta que en la cárcel, alguien lo rescató.

Por: Danilo Picart: Periodista Revista «Portaluz» de Chile:

 

Durante catorce años Nalo Quiroz permaneció recluido en la penitenciaría La Dorada, de Colombia. Allí pudo aprender en sí mismo el bello y transformador impacto del perdón, y decidió compartirlo desde Portaluz.

«A los 17 años escogí mal los caminos y conviví con la delincuencia. Fui jefe de una banda y tuve muchos problemas. Yo era un peligro, robaba y con los amigos que tenía, hicimos bastantes maldades. La verdad es que no me enorgullezco, estoy muy arrepentido de haber hecho tanto daño, de lo equivocado que estaba».

Peligroso asaltante y asesino sin piedad

Nacido en la andina ciudad de Itaguí, cercana a Medellín, Nalo recuerda que el punto de quiebre con la familia y la sociedad ocurrió en su adolescencia. Dejó su afición al futbol y se dejó arrastrar por algunos de sus hermanos hacia el mundo de la delincuencia pandillera. «Cada vez que asaltaba, me drogaba y tenía el aliciente de sentir la adrenalina para conseguir los fondos. No me importaba lo que me tocara hacer, siempre pensé en conseguir dinero».

El vagar por las calles y sembrar miedo se tornó en un nuevo pasatiempo para el precoz delincuente que ignoraba, adicto a su nuevo estatus de hombre con arma, todas las enseñanzas de sus padres. «Mi familia era muy humilde, muy pobre, ellos me enseñaron valores, a respetar, a trabajar, a ganarme las cosas honradamente, a no dañar a nadie. Éramos pobres y no podíamos tener buenas cosas, y aun así, nunca recibieron lo que yo me robaba. Me lo gastaba todo con los amigos, lo invertía en armas, para seguir haciendo daño, para seguir molestando».
Avergonzado y aunque han transcurrido años, se emociona al contarnos que durante un atraco, «llegué a quitarle la vida a otro ser humano; ¡y no me siento orgulloso de eso, vivo muy arrepentido!». Cruzar este límite lo disparó hacia un camino de violencias e inmoralidad que incluso hoy, por respeto a la salud espiritual que le ha sido regalada, evita siquiera mencionar. Dice sí, que en tiempos donde brillaban las mafias de los carteles narcotraficantes en Colombia, desechó todas las propuestas que le hicieron para trabajar al servicio de Pablo Escobar, Rodríguez Gacha o los hermanos Ochoa. «A mí me gustaba robar», sentencia. Arriesgando la vida propia y de otros, siempre al límite, disputando territorios con otras pandillas, sus hermanos fueron asesinados y Nalo juró vengar sus muertes. Vengar a los que se ama es una cuestión de honor, una regla de oro en el hampa delictiva, nos dice.

Hecho polvo pudo renacer:

No temía matar con sus propias manos y arriesgar su vida, el dolor, el honor y la rabia pesaban más. Sin embargo, fue capturado por la policía, frustrando todo el plan urdido para eliminar a los asesinos de sus hermanos. «Cuando entré a la cárcel andaba muy arrebatado, día y noche, de un sitio a otro, angustiado, ansiaba salir. Pero salió la sentencia y estaba ya cerrado el camino… me condenaron por un robo y por porte ilegal de armas blancas».
Decir que los días, pero en especial las noches, eran un infierno en aquél lugar es un tópico que Nalo también padeció. «Aislado me sentía entonces destinado para el olvido». Y se quebró. El pandillero fiero estaba sólo… repasando una y otra vez en su mente, dice, el sin sentido de su historia. «Dios no me dejaba tranquilo y comenzó a cambiar mi forma de vida, y yo, a dejar lo vicios; lloraba mucho y le pedía arrepentido, de corazón, que llenara mi vida, me transformara. No quería seguir siendo esclavo de la droga y con ese odio que mantenía. El Señor pudo aparecer y cambiarme. Me dio esa paz interior, esa fortaleza. No fue fácil, fue una lucha constante, de mucho tiempo, de días, meses para dejar mis adicciones, pidiéndole a Dios».

«Caminos de libertad», la Fundación que sella el cambio:

Nalo se alegra cuando recuerda la etapa de su vida iniciada con la Fundación

católica «Caminos de Libertad», entidad creada hace 16 años para apoyar el tema penitenciario. Debido a sus méritos, optó a la rebaja de condena y pudo obtener la libertad condicional en febrero de 2010. Fue entonces que conocí toda la labor que hacen en las cárceles y fuera de ellas a favor de los presos, el que sale de la prisión y las familias», porque -por exigencia y ayuda del sistema judicial colombiano- Nalo fue también apoyado con un acompañamiento integral a la reinserción social desde la entidad católica. «La ayuda de la Fundación fue cuando yo salí, con esa libertad condicional, a empezar de nuevo en la calle. La verdad hubo muchas pruebas, habían numerosos conocidos que sabían quién era yo, y que me ofrecían nuevamente armas y cosas para seguir en la maldad. Todas eran malas propuestas, las aparté, y no les hice caso. Yo tenía otro pensamiento, protegido por Dios».

Hoy, con 42 años, para este hombre… «es un orgullo decir que pude salir de la droga y de elementos bien adictivos». Se capacitó, trabaja y «aunque tengo mis añitos», dice, sigue jugando fútbol.

Al finalizar su diálogo con Portaluz y casi como un legado, Nalo vuelve a recordar aquello que hizo de él un hombre nuevo: «La ayuda que yo recibí vino de Dios, pues fue el Señor quien me dio el amor a la oración del Padre Nuestro, que repetido sin descanso me regaló la gracia, la fuerza, la capacidad de cambiar, de retroceder y volver al camino que era cuando Él me creó, junto a mis seres queridos, disfrutar de la vida sanamente».

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