20 AÑOS OFRECIENDO RAZONES DE VIDA Y ESPERANZA

20 AÑOS OFRECIENDO RAZONES DE VIDA Y ESPERANZA

Por: Fredy Cardona.

Coordinador de Programas de la Fundación Caminos de Libertad.

Pasar de una simple idea plasmada en un papel a poder ver y entender el devenir de la Fundación Caminos de Libertad durante 20 años, tiene para mí y tal vez para muchos un profundo significado; pero más que eso es el privilegio de ser testigo de la bondad de un Dios que no se deja vencer en generosidad y a través de muchas personas e instituciones sigue dando motivos para seguir soñando y creyendo en un mundo posible.

 

A lo largo de 20 años de labores son muchas las personas a quienes se les ha tendido la mano, tal vez en el momento que más lo necesitan, porque tienen muchas dudas, necesitan calmar un dolor, por curiosidad o simplemente necesitan de alguien que les escuche y les muestre caminos posibles en su situación, que en la mayoría de los casos, humanamente creen que todo está perdido y que no hay esperanza y motivación alguna para seguir luchando.

 

La razón de la intervención social, humanitaria y evangelizadora que se realiza en favor de los beneficiarios, es una labor poco llamativa a los ojos de muchas personas; pero cuando se logra entender que la justicia es para pocos y que la prisión como sistema no discrimina a nadie, en el sentido que en cualquier momento una persona por bien formada e inteligente que sea puede enfrentarse a una situación de pérdida de su libertad, se entiende que en la prisión se encuentran seres humanos, culpables o inocentes, que necesitan de manos generosas que les atiendan sus necesidades y entiendan la dimensión de los problemas que enfrentan; y más que eso, que sientan el apoyo para sus familias, pues son las primeras víctimas de sus actos o de las injusticias a las cuales se deben enfrentar todos los días.

 

Gracias a la Iglesia Católica, por permitir que muchas personas a través de instituciones como ésta, cumplan con el deber sagrado de llevar a la práctica las obras de misericordia; no solo haciendo palpable y visible el amor de Dios, sino siendo testigos de la generosidad y compromiso de miles de personas e instituciones que aportan para que los programas, las campañas y los objetivos se cumplan como la razón fundamental de toda iniciativa socio-pastoral y evangelizadora.

 

Tampoco sería posible el cumplimiento de la misión de la Iglesia en las prisiones, si no fuera por el compromiso demostrado de miles de voluntarios, entre quienes se encuentran capellanes, religiosos, religiosas y laicos quienes con gran sentido de humanidad asumen tareas pastorales, aún bajo el riesgo que ello implica, pero con la plena confianza de estar cumpliendo el mandato de Jesucristo: “Estuve en la cárcel y viniste a verme” (Mateo 25,36) y en ese viviste a verme están implícitas tareas concretas de apoyo y acompañamiento a quien está viviendo en carne propia el infortunio de perder la libertad y de las familias que tienen que enfrentarse a situaciones que generan temor e incertidumbre y donde solo la mano de Dios se hace presente a través de la escucha, atención y cuidados que reciben de personas vinculadas a ésta misión.

 

Sería injusto dejar de mencionar personas, instituciones y agentes cooperantes que a lo largo de todo éste tiempo han apoyado el desarrollo de los proyectos y las iniciativas de servicios lideradas desde la Fundación; a todas ellas una gratitud especial por haber confiado en el buen manejo de los recursos y con la seguridad que desde la pobreza se han administrado con gran seriedad, sentido evangélico y ético los talentos y recursos depositados y encomendados a nuestro cuidado y administración. Le pedimos al buen Dios, que siga bendiciendo y protegiendo la vida de todos los benefactores, con la seguridad que lo aportado se multiplicará como semilla de bendición para sus familias, que quedará escrita en el libro de la vida por toda la eternidad.

 

20 años que no pasan en vano, porque se pueden ver las obras que tal vez para muchos eran una utopía en otro tiempo, pero para quienes confiamos en la Divina Providencia y en la generosidad de muchas personas, se convierten en la razón de ser de una institución que se perfila como la única en su género dedicada al cuidado de las personas más “despreciables” de la sociedad, como las “piedras preciosas” del evangelio que llenan de sentido la vida de la Iglesia presente tras las rejas.

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